¿Para qué queremos unas fiestas pascuales en el siglo XXI?¿Qué beneficio me puede traer un hombrecito que murió hace 2000 años?¿o mejor, puede esa muerte pagarme las cuentas, sanar mis heridas y golpes cotidianos, ayudarme con mi carrera, conseguir que yo obtenga lo deseado?¿Cuál es el sentir de estas fiestas cristianas en un país que demostró no lo es?¿O en algunas personas que no tienen por qué ser cristianas?
Estas y otras preguntas similares se hacían muchos hace dos mil años. Muy seguramente pensaban para qué sirvió escuchar y creer en las ideas de un hombre de carne y hueso durante más de tres años. En qué les había ayudado. De repente, de un día para el otro estaban sin guía espiritual, sin esperanzas de restauración alguna - y para colmo - pedidos de captura pendían sobre cualquiera que intentara hablar en voz alta sobre las ideas cristianas. Las respuestas son superficiales en cada ser humano. Que es mejor seguir teniendo esperanzas antes que tirarse a depre. Que la mejor respuesta política era el cambio ante los judíos ortodoxos y los romanos. Que en la desesperación de verse perdido cada uno de esos tipos de hace dos mil años prefirió inventar una historia a la manera que cada uno de nosotros hoy en día nos inventamos para: justificar errores, fabricar un mundo nuevo ideal, poder ver el futuro más gris que negro. Y podríamos seguir inventando respuestas igualmente válidas para las dudas que nos trae estas Pascuas en un siglo donde ¿ya no hacen falta? Creo firmemente que la mejor respuesta es la que nos vienen contando hace dos mil años. Que un hombrecito resucitó. Y que el significado de esa resurrección es: mundos nuevos, paz, amor, reconciliaciones, esperanza, capacidad de ver y realizar milagros, indicación que hay un mundo espiritual más allá de este universo de cinco sentidos que nos rodea. DIOS Creador del Cielo y la Tierra nos ilumine a todos con la Verdad en este día, cuando recordamos por vez número dos mil la resurrección de Jesús el Cristo. VoSier El-hoím
